Reseña – Royal Philharmonic en Bellas Artes  



El Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México celebra su ochenta aniversario este año. Para festejar ese acontecimiento, se ha invitado algunos de los artistas y ensambles mas distinguidos del orbe, entre ellos la Royal Philharmonic Orchestra quien nos ofreciera dos magnos conciertos en la sala principal. Bajo la batuta de Pinchas Zukerman la orquesta centro sus programas en obras de Beethoven. El tamaño de la orquesta fue justo lo necesario para el repertorio. Los conciertos internacionales en Bellas Artes tienen un aura especial pues se tratan de acontecimientos importantes. Pudimos observar entre los asistentes a jóvenes, familias, melómanos, funcionarios públicos y algunas figuras de la cultura nacional.  

En el primer concierto el mismo Zukerman asumió la doble responsabilidad de solista y director con el Concierto para Violin de Beethoven. Esta practica, aunque sorprendió a algunos de los asistentes, no es nueva. Tiene su razón de ser dentro del contexto del Clasicismo ya que los acompañamientos orquestales generalmente ostentan bloques de ritmo armónico simétricamente definidos y  texturas sonoras transparentes. Esto hace posible el solista pueda concertar a la orquesta sin necesidad de recurrir a la figura tradicional del director. Zukerman demostró que tiene un conocimiento profundo de la obra y seriedad al abordar a Beethoven con un timbre solemne. La Séptima Sinfonía de Beethoven recibió un cuidado muy especial por parte de la orquesta. Aquí fue donde realmente brillo como ensamble. Se logro un sonido dinámico y robusto en la cuerda. Fue evidente que es una obra que han trabajado detenidamente y a la que le han dado un énfasis cameristico en donde las partes hacen mas por escucharse entre si. Una ejecución virtuosa, llena de brío, con generosas intervenciones por parte de las maderas solistas. Para el segundo concierto escuchamos el Concierto para Violín y Cello de Brahms, la ultima obra orquestal del compositor Alemán. Una obra difícil por su contenido, duración, y el esfuerzo que requiere de los solistas, que lograron una participación impecable. Por lo general la Sinfonía Heroica de Beethoven nos mostró a un director cerebral con control sobre cada frase y articulación. La orquesta batallo en encontrar el tempo en el Scherzo pero se mostró firme y compenetrada en el movimiento final. Ahí pudimos apreciar una orquesta vibrante y de amplia sonoridad especialmente al llegar al tema de la danza húngara final. Los cornos merecen una mención especial pues lograron los pasajes solistas con seguridad y excelente afinación.
 
Entre otros aciertos— las notas al programa de Juan Antonio Brennan y el hecho que el Palacio de Bellas Artes instalara una pantalla a las afueras del recinto para que mas personas disfrutaran del evento. 
 
¡Felicidades al Palacio de Bellas Artes por su 80 aniversario! 

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